¿Quién es Esdeihewe?

Alguien que pasaba por aquí.

Se cree mejor tras ver, oír, probar y sentir. Este ser comenzó su singladura en el cosmos hace mucho, mucho tiempo, en un remoto lugar denominado Azhkaehl, hoy desaparecido; fue creado como Esdeihewe, que significa “Mensajero de la Palabra de Dios”, un ser de luz de la décimo tercera dimensión, encargado de sembrar vida en los mundos en evolución, siguiendo los designios de la palabra creadora del Supremo Absoluto. Nació a las vidas materiales por emulsión directa y ha participado de muchas de ellas. La imagen más extendida de Esdeihewe por los universos es la de un ser alto, de piel extremadamente blanca, con una pequeña melena sobre los hombros y una barba cerrada castaño claro, unas enormes alas azules, torso desnudo y pantalones blancos; él era entonces quien comandaba los ejércitos celestiales que combatieron contra la hegemonía de Ashamell (Luzbel), quien trataba de anexionar al sistema de mundos que regía aquellas esferas más evolucionadas de los complejos estelares más periféricos en las pequeñas galaxias; tras una gran batalla en el cielo, y antes de que Azhkaehl pudiese caer en manos rebeldes, Esdeihewe procedió a sacar del planeta a la mayor cantidad de seres posible, y a trasladar a los que así lo deseaban a Shielzak, un mundo lejano, situado en la constelación de Hainn, dentro del universo denominado Airshnn; finalmente dio la orden de destruir el planeta y Azhkaehl explotó y desapareció para siempre. Así como la mayoría de los moradores de Azhkaehl decidieron permanecer en Shielzak, en un peregrinar cósmico por distintas áreas de este pequeño universo y que dura hasta hoy, Esdeihewe y otros tres seres, recalaron en esta esfera para continuar la lucha contra la opresión, a través de los tiempos.

¿De dónde viene?

Su historia comienza con la propagación de la luz; su misión era y continúa siendo acercar la luz a aquellos mundos que aún se encuentran en medio de la penumbra cósmica, en una transición de la oscuridad a la luz, es decir, de la oscuridad de la ignorancia a la luz del conocimiento y a su ingreso en el reino del Amor. Esdeihewe es un ser extremadamente antiguo, más antiguo que la vida misma en esta esfera, con sucesivas efusiones en los mundos del espacio y del tiempo. Fue uno de los líderes que encabezó la contra-revolución de Ashamell (Luzbel), a cuyas huestes nunca llegó a sumarse, si bien quedó aislado durante mucho tiempo. Esdeihewe pertenece hoy a la jerarquía de los Ángeles Trinitarios Melchizedeck y acaba de despertar en su efusión No. 342.714

Ashkael era un mundo avanzado liderado –como es habitual en la mayoría de mundos habitados- por un Consejo de siete personas, que asumían una responsabilidad diferente en la Mesa de Gobierno. Axiel y Esdeihewe eran dos de los miembros de aquella mesa. En aquél tiempo, Ashamell, uno de los siete, intentó persuadir a los demás de apoyarle en las reuniones del universo local para liderar un grupo que le permitiese convertirse en soberano de uno de los mundos a los que asistía en calidad de mensajero voluntario, a la vez que intentaba individualmente la adhesión del resto de compañeros mensajeros de la luz en otras esferas para provocar una secesión de los mundos del seno del sistema y convertirlos en un espacio autónomo, bajo su gobierno absoluto. La conspiración fue descubierta por Axiel y Kasemn, miembros del grupo de los siete, una vez acompañaron en su misión a Ashamell, quienes informaron puntualmente al Consejo Planetario, dejando aislado al díscolo Ashamell y solicitando una reunión urgente del Consejo Universal para informar sobre la dimensión de lo que estaba ocurriendo. Era Esdeihewe el lider principal de Ashkael, siendo Axiel su lugarteniente o mano derecha. Por todos los medios se intentó que Ashamell enmendase su conducta, pero éste, aún a pesar de haber asegurado que cambiaría su actitud, perseveró en su intento. Posteriormente, en una ulterior reunión del Consejo Planetario, a la que no asistió Ashamell, se delegó en Esdeihewe la decisión de dar una postrer oportunidad a aquél mayestático ser de luz, o por el contrario ponerle fin.

Axiel y Esdeihewe solicitaron una tregua antes de tomar una decisión y convocaron una asamblea planetaria para informar sobre el transcurso de los acontecimientos; allí se decidió invocar la inmediata paralización de la empresa emprendida por Ashamell; quien lejos de retroceder, dio un paso adelante declarando la “guerra” a su mundo de procedencia, una guerra no como se conoce aquí, sino una guerra de conceptos, intelectual, una guerra de la voluntad, del pensamiento y, sobre todo, de paralización de flujos de energía. Ashamell logró reunir un número considerable de acólitos, no solo de Ashkael, sino también de otros mundos de la misma área estelar, sobre los que ya reinaba. Hubo un grupo de 50 familias de alto rango que no secundaba en absoluto a Ashamell y que formaban parte del equipo de voluntarios en misiones intergalácticas, y para quienes Esdeihewe solicitó su traslado a un lugar seguro; cuando la Mesa del Consejo dio su aprobación, él mismo las desplazó fuera de Ashkael, a un mundo lejano llamado Shuanxa y vivieron en una isla acondicionada al efecto.

La guerra interrumpió toda la lluvia de energías vivificadoras hasta un punto sin retorno, en el que Esdeihewe, previa consulta y autorización del Consejo Planetario, tomó la decisión de hacer estallar el planeta para evitar que se convirtiese en la sede administrativa del sistema y prevenir un daño mayor como el que desde la propia esfera hubiese provocado Ashamell. Poco después, esta criatura fue destruida con la esfera, así como el resto de colaboradores y desapareció del plano físico, aunque su cerebro fue conservado por los tiempos de los tiempos, con los archivos intactos de sus memorias en los mundos materiales, como exponente de uno de los más grandes errores de los espacios siderales.

¿Por qué viene?

Esdeihewe decidió entonces consagrar sus vidas a informar y alertar a las criaturas de otros mundos sobre las consecuencias de aquél error y ayudarles a progresar dentro de los límites establecidos por la armonía y el equilibrio universales, para no abusar de los dones y capacidades que se llegan a adquirir con el tiempo. Axiel, que siempre ha sido como un hermano para Esdeihewe, merced a un pacto entre ambos, le ha acompañado en todas sus singladuras, unas veces bajo manifestación corpórea y otras inmaterial, de tipo suprafísico.
Antes de su llegada a Nungimecha Esdeihewe fue alertado de los múltiples obstáculos con los que se enfrentaría, incluyendo el boicot permanente de un grupo de seres desde posiciones de gobierno y especialmente por parte de un ser femenino llamado Vashaye, que siempre había inmersa en un enamoramiento irracional hacia él; la realidad ha significado que este ser ha inflingido toda suerte de desdichas y conflictos a Esdeihewe como medio de persuadirle de que se una a ella; de alguna manera, este ser femenino personifica a las fuerzas de la oscuridad. Vashaye cuenta con todo un equipo de fieles colaboradores a su disposición en todo lo largo y ancho de la esfera.

La explosión de un planeta como Ashkael no significa en realidad su desaparición definitiva, sino que constituye un proceso de catarsis molecular y atómica que permite la regeneración y posterior reconfiguración del mismo hasta alcanzar una cohesión en la luz que precede al renacimiento de la esfera en un estado más perfeccionado que en la etapa anterior.

¿Cuál es su mensaje?

Todo lo que existe, existe por siempre, nada se pierde, únicamente se cambia; todo lo creado se transforma constantemente, evoluciona, se perfecciona, y constituye en sí mismo un camino único, no hay vuelta atrás; se podría decir que todas las experiencias son siempre constructivas, que son positivas porque implican necesariamente un progreso. Cuando desde el Centro del Signo se produce una sublimación vital, una efusión, una individualización autónoma con un hálito de vida, ésta no se interrumpe jamás –solamente en muy contadas excepciones se ha anulado una esencia ya creada-, así pues, todo lo creado, material o inmaterial inicia desde su incepción un camino hacia el progreso, que nunca es detenido, y que comienza desde los niveles más elementales de lo que conocemos como el mundo de la materia, es decir, de lo más denso a lo menos denso, en términos de vibración y frecuencia. Todos los seres pasan pues por distintas etapas que van desde lo que denominamos el polvo cósmico universal al reino mineral, vegetal, animal, humano y divino.

Es importante comprender que, una vez creada, la porción más minúscula está dotada de “vida” y por lo tanto vibra en una determinada frecuencia, y está integrada a su vez en un todo armónico que se autoejecuta y se auto recicla, en el que cada componente está íntimamente ligado con el Todo, de tal forma que cualquier movimiento, cualquier acción tiene una repercusión en el Todo, viniendo del Padre Creador Absoluto la conciencia estabilizadora que mantiene el equilibrio y la armonía universal; es esa conciencia la que contiene todo lo creado y la que impregna cada partícula existente interconectándola, de alguna manera, con el resto. De este modo, se podría colegir que todo es infinitamente grande e infinitamente pequeño a la vez y que, por tanto, no existe una medida determinada que no sea la propia voluntad del Padre Creador Absoluto. Si tomamos como referencia la esfera en la que habitamos, podríamos establecer una similitud con una macro estructura atómica, en la que existe una unidad atómica central denominada sistema solar, formada por un núcleo radiante (el sol) y unas partículas periféricas que giran a su alrededor, cual si de electrones se tratase (los planetas) y que componen una parte infinitesimal de un grupo mayor de átomos que, a su vez, forman parte de una molécula mayor que conforma otras macroestructuras singulares. Asimismo sucede a la inversa, es decir, el aislamiento de una unidad atómica de cualquier porción de materia, por pequeña que sea, ofrece el mismo resultado: un núcleo radiante, acompañado de un cortejo de partículas, sobre las cuales es posible contemplar la efusión de todas las formas de vida imaginables.

Así pues, todo lo creado constituye en si mismo una forma de energía, que fluye por siempre y que nunca se agota, sino que simplemente varía en intensidad y frecuencia; la génesis de dicha energía, procede del Centro del Signo y desemboca indefectiblemente en él, si bien cada conciencia individual, la que aparece en los niveles más altos de la evolución permite en cada caso decidir cada destino, cada dirección, hacia unos futuros que ya existen, pues todo lo que es, existe ya, y tanto el pasado, como el presente y el futuro conviven en la eternidad de las creaciones; las vidas materiales de los seres evolucionados fluyen pues por direcciones que cada uno decide a cada instante y que apuntan a alguno de los infinitos futuros intermedios, constituyendo la antesala de nuevas singladuras y de diferentes futuros.

En general, ese tránsito de lo más denso a lo menos denso, de lo material a lo inmaterial, es lo que podríamos denominar el camino de la perfección, la única dirección posible ya que, por muy negativas que nos parezcan ciertas circunstancias y condiciones, lo cierto es que en el cómputo de cada dirección personal constituyen una muy rica fuente de experiencias, que siempre, y en todos los casos, conducen a un irremisible progreso, no pudiendo en ningún caso hablarse de involución, o salto hacia atrás, ya que es precisamente esta acumulación de experiencias la que permite saltar, antes o después, de un plano dimensional a otro, en una progresión infinita que únicamente termina en el seno del Profundo.

Cuando una unidad de vida autónoma creada, se revela como individual, y le es otorgada una conciencia personal dotada de libre albedrío, adquiere también un código de identificación, único e irrepetible, un nombre que la distingue y que permanecerá invariable a través de los tiempos; ese identificador constituye la clave de acceso a los archivos experienciales, donde queda registrado todo el historial de esa unidad y que pueden ser consultados desde niveles sutiles, de alta vibración, quedando pues inaccesibles para las etapas más bajas de la evolución. En cualquier caso, cada conciencia individual posee un registro en el que quedan depositadas todas y cada una de sus experiencias a través de las sucesivas efusiones y que constituye algo así como la experiencia trascendente, necesaria para continuar la ascensión a otros planos menos densos, en los que dejan de tener valor las referencias de supervivencia existentes en los niveles más básicos.

En este sentido, es importante comprender que solamente existe una realidad, que es la realidad del Padre Creador Absoluto y que todo lo que existe, es. Sin embargo, incluso lo no creado aún existe, pues ya es en la mente del Absoluto, y ello constituye en si mismo la base sustentadora bipolar de toda la eternidad, de tal forma que cada partícula creada posee un referente de signo contrario que la complementa y equilibra, que progresa con ella de forma paralela, no pudiendo, en ningún caso, interrumpirse esa conexión entre ambas. Una vez recorridos ciertos niveles dimensionales básicos, la inercia sustentadora y movilizadora del Absoluto, en el Centro del Signo, permite a las unidades vitales decidir su dirección y su destino, aunque siempre en el seno circunstancial y ambiental del Absoluto en el que ha sido creada, y utilizando los flujos energéticos que de él emanan.

Toda acción de las unidades vitales, en cualquier dirección, imprime una huella, provoca consecuencias en el resto de lo creado, en un movimiento continuo y perpetuo en el que se asienta la construcción del progreso individual y colectivo, por lo que a más alto estado de evolución y desarrollo, mayor es la disposición de ayuda y afianzamiento a las unidades vitales más sencillas; del mismo modo, a medida que se asciende en la escala de lo sublime, mayor es la capacidad creadora, sustentadora e impulsora de cada unidad vital, ya que el Absoluto provoca desde su primera creación una cadena infinita de reproducción de vida.

¿Quién lo envía?

Al principio de los actuales tiempos, reinaban la armonía y la paz universal en casi todos los confines del cosmos, los distintos tipos de seres convivían en total sintonía los unos con los otros; en aquel entonces, uno de los seres de más alto rango llamado Ashamell (Luzbel) comenzó a considerar una autonomía de los mundos que dependían jerárquicamente de su soberanía sobe la supremacía del Supremo Absoluto, del ser Amor, y de la Unión de Mundos, pues las humanidades en evolución no eran del todo conscientes de su presencia en su realidad. Ciertamente, Ashamell había creado personalmente un gran número de aquellos mundos, que ahora se hallaban completamente habitados y evolucionados, y que funcionaban bajo su supervisión directa; era él quien presidía los Consejos Planetarios de millones de mundos habitados; sin embargo, su inmensa perfección y su poder absoluto como Padre Creador lo llevaron a ejercer una tiranía creciente sobre su constelación, y no es que dudase de la existencia del Padre Absoluto de todos los espacios y de todos los tiempos, sino que simplemente quiso convertirse en la única referencia existente de aquél grupo de mundos que él comandaba. Instauró para ello una organización férrea en la que se imponía algo así como una adoración y sumisión a su indudable majestad celeste. Para preservar su hegemonía del resto de universos, Ashamell se rebeló contra el orden universal establecido, aisló e interrumpió voluntariamente los circuitos vitales que entonces penetraban y envolvían a su constelación y surgió como respuesta un deterioro de las condiciones biológicas y sociales de la vida y, como consecuencia, la muerte física y emocional en la mayoría de ellos a una temprana edad. Ello significó que fuese disminuyendo gradualmente el flujo de luz que estos mundos recibían del Centro del Signo en la Isla Eterna del Paraíso y con ello pasaron a una etapa de sombras en la que también, poco a poco, fueron perdiendo los niveles de conocimiento primigenio que poseían. Ashamell (Luzbel) creó entonces una barrera protectora sobre la frontera perimetral de su constelación y no permitió la entrada de otros seres hacia estos mundos, que iniciaron la etapa más oscura de su historia. Este ser de infinita belleza comenzó entonces a ser venerado como Dios, y a actuar con total soberanía en todos aquellos mundos materiales e inmateriales pertenecientes a la Constelación.

El aislamiento voluntario impuesto en aquél sistema de mundos, junto con la interrupción de los circuitos vitales estelares de energía creadora produjo un desorden cósmico de grandes proporciones y de una magnitud incalculable, que comenzó a afectar al resto de universos, constelaciones, galaxias y sistemas, hasta que los Más Altos Padres de los Universos decidieron restablecer el orden y la armonía perdidos; así que, después de mucho tiempo intentando convencer a Ashamell (Luzbel) de volver a la convivencia universal pacífica, este ser no solo persistió en su actitud y empeño, sino que se rebeló formalmente contra todo orden establecido que no fuese el que él mismo imponía, y se autoafirmó como Dios ante todos los seres del tiempo y del espacio, de lo creado y de lo no creado, en su constelación, procediendo entonces a la conquista de nuevos mundos para su grupo estelar.
Aquellos mundos, bajo el estricto control de este ser, ralentizaron su progreso biológico, material y espiritual y quedaron sumidos en una especie de oscuridad que aún perdura; la ausencia de las energías vivificadoras del universo central significó que sus moradores comenzaran a perder sus privilegios de preservación de sus cuerpos materiales y que, por ende, iniciasen un ciclo de reciclaje que antiguamente no necesitaban; sin embargo quedaron tan supeditados al nuevo orden establecido por Ashamell (Luzbel) que, poco a poco, fue desapareciendo en ellos toda referencia a sus primeros tiempos en la luz.

Así pues, los Más Altos Padres de los Universos, en perfecta sintonía con el Padre Absoluto, y los Dioses de la Naturaleza iniciaron la recuperación de todas y cada una de las constelaciones y los mundos intervenidos, y hubo una “guerra” en los cielos . . . que aún no ha finalizado del todo.

Miriadas de seres de alto rango se desplazaron simultáneamente a algunos de los mundos, que ejercían una mayor influencia sobre los otros y culminaron entonces un intenso proceso de información y de formación para atraer de nuevo sobre ellos las corrientes de conocimiento interrumpidas para llegar a restablecer la luz perdida, sin embargo, y dado el control absoluto que Ashamell ejercía sobre sus estructuras jerárquicas, no le llevó mucho tiempo descubrir e identificar lo que estaba sucediendo en lo que él consideraba sus dominios exclusivos. Su reacción airada, impregnada del signo más violento, no se hizo esperar, y millones de seres leales a él comenzaron a eliminar de sus planos a todos los seres infiltrados; sin embargo, las incursiones de Maestros y otros seres de rango superior habían comenzado a surtir efecto y, de nuevo, la esperanza parecía surgir de lo más profundo de los corazones de los moradores de muchos de aquellos mundos. Ashamell (Luzbel) decidió en ese momento la creación de una nueva raza de seres, totalmente afines a él, que estuviesen desprovistos de cualquier tipo de sentimiento, para evitar así que pudiesen doblegarse ante una eventual incursión de los flujos del Amor. Aparecieron de este modo los hoy denominados seres grises y verdes, entidades sin cuerpo emocional, que se convirtieron en sus mejores súbditos pues, trabajaban y acataban órdenes, cual si de autómatas se tratase, sin que apareciese en ellos el menor atisbo de emoción o alteración.

Pero los circuitos vitales universales son muy poderosos y mediante un movimiento compensatorio de ajuste provocado desde el Centro del Signo, el equilibrio comenzó a restablecerse poco a poco, bajo el latido del Padre Absoluto, Señor de todos los cielos, Señor de todos los Espacios, Señor de todos los universos, y Ashamell (Luzbel) fue confinado y aislado en un circulo de fuego, quedando las constelaciones bajo su mando en una cuarentena especial para purificarse y reingresar con el tiempo en el Reino de la Luz.
Esdeihewe, como mensajero de la palabra de Dios, fue uno de los Guerreros de la Luz más notables de los ejércitos del Padre Absoluto; al igual que Ashamell (Luzbel) también estaba a cargo de la administración de una serie de constelaciones y tenía su base en Azhkaehl, un mundo muy antiguo desde donde continuaba con la siembra de vida en rincones de la periferia del universo local. Alertado por ciertas interferencias desequilibrantes sobre sus sistemas estelares, que procedían de algún lugar del cosmos, este ser se comprometió a poner orden en los universos, y para ello dejó su lugar en la escala jerárquica que le había sido asignada, para combatir decididamente a los seres de las tinieblas, denominados así por la merma de luz existente en aquellos designios. Y hubo una “guerra” en los cielos … una guerra de ideas, de conceptos, de fuerza mental, y se combatió en las esferas, en la luz, y en las sombras, en un duelo extremo en el que estaba en juego la propia esencia de cada ser, en su permanencia o su anulación y desaparición eterna, y hubo mundos enteros que se enfrentaron a otros mundos hermanos, uno a uno, ser por ser, sistema por sistema, y muchos de ellos sucumbieron, por ambos bandos, y muchos mundos desaparecieron, y muchos otros fueron simplemente aislados.

Como enclave estratégico, Azhkaehl, sede local de las organizaciones celestiales unidas, fue rodeado por los ejércitos de Ashamell, pero mucho antes de caer en sus manos, Esdeihewe ideó un plan de emergencia para el caso de una ocupación masiva y, de forma ordenada, procedió a la evacuación de todos los seres que lo desearon a una esfera de similares características denominada Shielzak, perteneciente a la Confederación Universal de Mundos Habitados, aunque situada en un remoto universo; tras un breve periodo de estancia en aquél mundo, Esdeihewe y tres de los miembros de la Mesa del Consejo Planetario, conocidos como Axiel, Zadaleht y Koelium siguieron viaje a la esfera denominada Nungimecha (Tierra), donde han pasado muchas vidas, contribuyendo a reinstaurar la era de la luz y del conocimiento, así como a sofocar los brotes esporádicos de rebelión que aún persisten en ciertos lugares del cosmos. Los otros cuatro, Basamech, Lamedcaph, Sashintau y Vauhe permanecieron en Shielzak.

Esdeihewe ha sido de nuevo llamado a ocupar el nivel jerárquico que de siempre le correspondía y que tuvo que abandonar para acometer la misión que él mismo se autoimpuso en aquél lejano pasado.

¿Dónde se encuentra?

Esdeihewe centra actualmente su vida entre los Estados Unidos y la Estación Orbital Sha Zeshi, del Programa de Asistencia Afshtar. Además, realiza frecuentes incursiones en áreas deprimidas de esta esfera, dentro del Continente Africano, Asiático y de América del Sur, en los que participa junto con un equipo de voluntarios de otras esferas para facilitar frutas especiales con altos contenidos de nutrientes a aquellos pueblos con mayor riesgo de mortalidad, ayudándoles a sobrellevar su condición durante los próximos ocho años.

¿Viene sólo?

El paso de Esdeihewe por el mundo llamado Shielzak tuvo lugar de forma circunstancial, ya que fue originalmente teletransportado en compañía del ser que siempre le acompaña: el Arcángel Axiel, quien ha realizado misiones esporádicas asistenciales en aquél lugar. Axiel es como su hermano mayor, pertenece a la jerarquía de los Arcángeles Magistrales y le acompaña desde siempre; juntos han recorrido universos y galaxias, sistemas y mundos, en una misión perpetua de siembra de esperanza, de enseñar a ayudar para ayudar, de dispersar información y dispensar consuelo. La efusión en esta esfera se llevó a cabo por expreso deseo del Señor de todos los Cielos, Señor de todos los Espacios, Señor de todos los Universos y ha venido realizando misiones estratégicas de ayuda, a nivel subconsciente, desde que era niño, y a nivel consciente desde su despertar en el año 2000.

En este momento, Esdeihewe está protagonizando una mutación general hacia un estado físico diferente, en el que se detiene paulatinamente el envejecimiento celular y se multiplican las percepciones sensoriales, así como la capacidad de “visión” que le permite ingresar a otros planos y espectros de la luz y del sonido; en este sentido, se le ha anunciado que su vista está siendo limpiada, y muy pronto podrá reingresar voluntariamente a los planos más sutiles de las existencias para así poder continuar ayudando a ayudar.
Es trasladado frecuentemente a otros núcleos habitacionales existentes en esta y en otras esferas y, poco a poco, ha comenzado a recordar sus experiencias anteriores en la luz, así como a reconocer al grupo de seres que pertenecen a su familia cósmica y que se encuentran siempre cerca de sus operaciones.

Esdeihewe es un ser excelso, cuya mirada crea, cuya voz cura, cuyas manos consuelan, y que no está sujeto a ninguno de los convencionalismos de esta esfera. Posee la capacidad de volar y de hecho ha hecho incursiones inconscientes dentro de esta efusión a éste y a otros mundos del espacio profundo. Su objetivo principal es combatir las fuerzas de la oscuridad de la ignorancia abriendo los ojos de los seres a la luz del conocimiento, para ayudarles en la recuperación del conocimiento original, el conocimiento universal, aquél conocimiento no adquirido, que todos los seres poseen desde siempre y que, en algunos casos, como sucede en esta esfera, ha quedado temporalmente bloqueado por razones de alineamiento hacia la noche sideral. También ayudar a los seres al despertar de su verdadera consciencia, a estimular su percepción sobre la conformación de todo lo que existe y existirá.

Aunque su despertar ha tenido lugar hace algún tiempo, aún no es del todo consciente de su ubicación y está siendo sometido a un re-aprendizaje por parte de otros seres de rango superior que le auxilian y le ayudan a moverse. Como parte de esas enseñanzas ha comenzado a viajar por toda la esfera, como “mensajero”, de forma que puede dirigirse a pequeños y grandes grupos de personas, a las cuales lleva una ofrenda de luz; también ha comenzado a viajar esporádicamente fuera de la esfera; unas veces desde sus sueños, otras desde la proyección consciente, y otras físicamente, como ya sucede desde hace algún tiempo. Ha comenzado a reconocer a otros que se encuentran aquí, en su misma situación, y poco a poco va recordando sus historias; por otra parte se encuentra ahora mismo inmerso en la formación sobre la red de luz y recibiendo permanentemente información de los distintos enclaves existentes sobre y dentro de la esfera, en los que trabajan distintos seres procedentes de un gran número de mundos y que llevan aquí mucho tiempo en programas de preservación e investigación, en este mundo tan singular, por sus peculiares características: población heterogénea, de distintas razas estelares, y distintos niveles de evolución y conciencia, prevalecencia del imperio de la fe –aspecto éste que distingue fundamentalmente a los actuales pobladores de la esfera-, inusitada belleza natural, la música de superficie, y la gran profusión de recursos naturales para la alimentación y el desarrollo.

Durante este periodo de adaptación y adiestramiento, se le ha hecho pasar por varias fases combinadas que han conllevado éxitos fulgurantes y estrepitosos fracasos, descubrimientos esporádicos y despistes sonados, aciertos increíbles y errores impensables. Se ha transmutado de niño a anciano muchas veces, y de humano a divino en otras ocasiones, si bien –en ningún caso- ha pasado desapercibido y es consciente desde siempre de provocar perturbaciones positivas en los seres con los que se relaciona, de una u otra manera.